Las palabras no sirven para nada

Nunca mostré mucha simpatía por los excesos en solitario de Enrique Bunbury. Salvo escasas y sublimes excepciones como su álbum “Pequeño”, una mezcla sorprendente de estilos rock o ritmos gitanos del este de Europa. Quizá también alguna canción de su colaboración con Nacho Vegas, y por supuesto otras tantas, contadas, de “Viaje a ninguna parte”…