Concierto del grupo Tulsa en el bar Fotomatón

El jueves 13 de mayo asistí al concierto que Tulsa ofreció en el bar Fotomáton, detrás de la Plaza de España, en Madrid.

10 € la entrada. Un poco cara, creo que los del bar se pasaron un poco.

El concierto excelente. Seríamos unas 50 personas aproximadamente, y tuve la suerte de poderlo ver en primera/segunda fila.

Me llevé la cámara de fotos. Desafortunadamente la escasa luz y la imposibilidad de utilizar el flash me obligó a subir al máximo la sensibilidad ISO, por lo que pido perdón por el grano y desenfoque de las fotos.

Y al final, un breve relato inspirado en el concierto.

¡Salud!

Miren Iza, líder del grupo Tulsa en concierto en el bar Fotomatón, Madrid

 

Miren Iza, líder, vocalista y guitarrista del grupo de música Tulsa, en concierto en el bar Fotomatón, Madrid

Sus caras se mezclaban entre el pasar fugaz de unos acordes melancólicos, entre el frágil reverberar de las cuerdas de una guitarra solitaria.

Sus miradas se entrecruzaban entre el humo dulce del opio que anestesiaba sus párpados, la sutil ambigüedad de quien asiste a un espectáculo extraño.

Solo unas pocas bocas alcanzaban a articular unos versos inconexos. Y sus gargantas  imitaban una melodía abstracta, sobre el murmullo de las botellas llenas de cerveza.

No era yo quien los miraba. Eran otros los ojos que contemplaban su tristeza.

Desfallecían las corcheas del teclado cuando una voz se levantó soliviantada. Cesó la tormenta de luces indiscretas. Y  sonaron las lánguidas palabras que habíamos escuchado en otro tiempo y en otro lugar.

Imagen de Miren Iza, líder del grupo Tulsa, en concierto en el bar Fotomatón, Madrid

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La lectora de Camden

 



Sabía que la estaba retratando, pero siguió absorta en la lectura de su libro.
Ni siquiera llegué a apreciar un leve gesto de sorpresa al verme allí apuntándola con el objetivo de mi cámara, tampoco un sutil movimiento en sus ojos que me demostrara que era consciente de mi osadía. Nada enturbió la concentración que reflejaba su rostro, y sus

La lectora de Camden Town

manos siguieron pasando con delicadeza las hojas que contenían una historia cuyo título jamás podré averiguar.
Pero ella sabía que yo estaba allí, empeñado en apresar su cuerpo en una imagen anecdótica de Camden, y por eso me regaló toda una suerte de encuadres pasajeros, de entre los que yo fui a escoger aquel que me mostraba la veleidad de un hombro desnudo; el caprichoso movimiento de su flequillo al son de los bulliciosos pasos de la gente a nuestro alrededor; el perfil de un rostro desconocido, de unos labios insurrectos en mi mente; los flecos antojadizos del pañuelo que ocultaba su pecho; los dedos que acariciaban una piel de papel demasiado inerte para ser la mía; el teléfono móvil que me anunciaba que eran las 13:02, la última vez que la pude ver.