La dispersión de Babel

El lenguaje nos hace humanos.

No solo porque la capacidad del habla ha desarrollado nuestro cerebro, sino porque la necesidad de comunicarnos y socializarnos y, especialmente, de poder entender y explicar el extraño mundo que nos rodea, requiere de un refinado código para ello. Pero pese a esta sorprendente capacidad para comunicar lo que vemos, lo que sentimos o lo que aprendemos, somos incapaces de entendernos pues nos topamos con la barreras subjetivas de aquel a quien nos dirijimos. Esas son barreras imposibles de franquear sin un poco de paciencia para explicarlo todo de nuevo.

Para la mitología judeo-cristiana hubo un tiempo en que la Humanidad formaba un solo pueblo que hablaba una única lengua. Y esa masa homogénea, globalizada, que hacía de su arrogancia su más visible estandarte, se creía poderosa, infalible, capaz de llevar su propia idiosincrasia hasta lo más alto del cielo para desafiar a un dios al que se creían capaces de superar…

“Toda la tierra hablaba una misma lengua y usaba las mismas palabras. Al emigrar los hombres desde oriente, encontraron una llanura en la región de Senaar y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros:La dispersión de Babel /Pieter Brueghel El Viejo

Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego.

Emplearon ladrillos en lugar de piedras, y alquitrán en lugar de argamasa; y dijeron:

Vamos a edificar una ciudad y una torre cuya cúspide llegue hasta el cielo; así nos haremos famosos y no nos dispersaremos sobre la faz de la tierra.

Pero el Señor bajó para ver la ciudad y la torre que los hombres estaban edificando, y se dijo: “Todos forman un solo pueblo y hablan una misma lengua; y éste es solo el principio de sus empresas; nada de lo que se propongan les resultará imposible. Voy a bajar a confundir su idioma para que no se entiendan más los unos a los otros”.

De este modo, el Señor los dispersó de allí por toda la tierra y dejaron de construir la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de todos los habitantes de la tierra, y desde allí los dispersó por toda su superficie”.

Génesis (11, 1 – 9)

Esta es una bonita alegoría de la lengua como vehículo de conocimiento y de comunicación. Y de lo que los seres humanos somos capaces de lograr de forma conjunta y con el avance y difusión de la ciencia (representada en el texto por la tecnología constructiva), esto es, emular a dios, sus obras y prodigios.

Por supuesto el primitivo chamán que de forma oral fue transmitiendo este mito hasta que a un judío se le ocurrió escribirlo en la Torá no era nada tonto, y hasta tenía algo de visionario

Yo espero que construyamos la torre más alta sin pagar el precio de destruirnos a nosotros mismos y a nuestro planeta. Eso sí nos llevaría a la dispersión.

Salud,

ZOI

Simbólica presentación

Cuando el Rey Minos de Creta ordenó a Dédado el constructor erigir un laberinto para encerrar al Minotauro, engendro incontrolabe e insaciable, no solo fue creada una cárcel para el monstruo, también su morada, y el patíbulo para los condenados a convertirse en su alimento.

De igual modo que Dédalo, pero sin la amenaza de convertirse en recluso y sin el deseo de huir echando aLaberinto circular volar, pongo hoy la pimera piedra de este laberinto de palabras, pasadizo de ideas, para encerrar en él las vivencias que no merecen el olvido de mi memoria; para que esas sombrías paredes sean la casa de la lucidez manifiesta; para enjuiciarlas y someterlas a las miradas indiscretas de la Red; para que alimenten el mar indigesto de peces famélicos que navegamos.

Con un lenguaje menos simbólico trataré de ir constuyendo este laberinto sin Minotauro, criatura que merecía vivir pese a la dicha de su aberrante existencia, y que me reservo el derecho a resucitar cuando la ocasión lo requiera: darle muerte en combate cuerpo a cuerpo. De momento me inclino por la actitud pacífica del ingenioso constructor, libre de volar a otra isla con sus alas de cera. Espero no perderme.

Salud,

ZOI

Entradas relacionadas: Regreso al laberinto, segunda presentación tras un año de inactividad en el Blog.