Los abrazos rotos de Almodóvar

Acabo de venir del Círculo de Bellas Artes, donde hoy se preestrenaba “Los abrazos rotos”, como todos sabéis, la última película de Pedro Almodóvar.

Tenía previsto verla este mismo fin de semana, pero sin quererlo ni beberlo me he encontrado con una entrada en mis manos para el pase de hoy, la experiencia ha sido inmejorable. Este nuevo film de Almodóvar me ha parecido sencillamente genial.

La trama se desarrolla en los años 90 y en la actualidad, con un hilo argumental muy elaborado, los saltos entre un tiempo y otro le dan a la película un ritmo galopante, que lleva al espectador a preguntarse en repetidas ocasiones cómo los personajes han podido llegar ahí.

Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar
Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar

Penélope Cruz encarna a Magdalena, una aspirante a actriz que vive una farsa en su relación con un poderoso magnate, Ernesto Martel. En su búsqueda de este sueño artístico, conoce al director de cine Mateo Blanco (Lluis Homar), quien la ficha para su última película. El amor surge rápidamente entre los dos, y éste es el desencadenante del tortuoso camino que les depara en su relación, estigmatizada por los celos enfermizos de Martel. A causa de un accidente de tráfico, Mateo Blanco queda ciego y a partir de ahí se rompe todo lo que ha sido su vida hasta entonces, incluida Magdalena. El hombre que ya no es, adopta el pseudónimo de Harry Caine y dedica su vida a la redacción de guiones cinematográficos, acompañado de su amiga Judith, extraordinariamente interpretada por Blanca Portillo, y del hijo de ésta. Hasta que un día recibe la visita de un antiguo conocido…

Cada acto, cada situación, como en la vida real, desencadena un rumbo en la historia de los personajes que podría haber sido otro. Estos hados, están tratados por Almodóvar con su exquisita genialidad. Las razones de las que los personajes no son conscientes, son desveladas con una naturalidad y una verosimilitud que empujan al espectador a ponerse en su piel y en la de la historia misma. Podría resumir en una sola palabra el sentimiento general que acompaña al visionado: empatía.

Quizá motivado por las exigencias del cine estadounidense y del guión en general, las escenas de sexo están muy cuidadas, tratadas con mucha pulcritud. Remarcable la ternura entre los personajes, especialmente entre Lena y Harry. Los golpes de humor se suceden a lo largo de toda la película, en los momentos justos, sin romper el discurso dramático y de suspense; pero especialmente ya al final, con la aparición de Carmen Machi en el papel de Chon, la Concejala antropófaga, y una faceta cómica inusual y muy bien ejecutada por Penélope Cruz. Sobre los tintes de cine negro de la película, debo decir que son sobresalientes.

El beso de la playa de El Golfo (Lanzarote) - Los abrazos rotos
El beso de la playa de El Golfo (Lanzarote) - Los abrazos rotos

Como siempre en el cine almodovariano, la escena está llena de color y de atrezo pop. Pequeños guiños a otras películas del director como Tacones lejanos (los tacones de Penélope), Mujeres (el gazpacho), o La mala educación (los guiones y las profesiones de los personajes, todas relacionadas con el cine). No podía faltar una máquina de escribir o escenas de películas del cine italiano de los 50. También los primeros planos, emocionales, de los personajes, y las imágenes y detalles cuajadas de un simbolismo del que sería imposible disertar aquí.

Igual que en otras de sus películas, me ha dado la sensación de que mucho de los personajes y mucho de las situaciones tienen que ver con él mismo y con sus vivencias. No obstante, no existe el excesivo personalismo de sus primeras películas y que afortunadamente consiguió mitigar; y los actores, excelentemente escogidos, hacen su papel espectacularmente bien. Penélope está soberbia, no deja de asombrarme con su versatilidad y su multitud de registros. Blanca impecable como su nombre y Lluis ha conseguido que me guste aún más de lo que me gustaba ya. Sólo una mención a la fugaz aparición de Ángela Molina en el papel de madre de Lena: Además de enternecedora es increíblemente espectacular.

Bien, es tarde, y hay que irse a dormir. En el último diálogo de la película, Mateo dice que “las películas hay que acabarlas aunque sea a ciegas”; yo digo lo mismo de las entradas de mi blog. 🙂

Sólo una cosa más. Al terminar, toda la sala hemos aplaudido esta obra maestra. Felicidades, Pedro; esperamos la siguiente.