Receta de Arroz Cremoso con Setas

Los que me conocen saben que me gusta mucho cocinar y además no se me suele dar mal.

Hace unos días preparé una cena en casa y de forma improvisada me inventé esta receta, un arroz cremoso cuya clave es, como en casi todos los arroces, tener un buen caldo o fumé. En este caso lo quise hacer con un toque oriental al incorporarle unas setas shiitake deshidratadas, cuyo caldo para cocerlas es también muy sabroso, y un poco de salsa de soja.

En cualquiera de los casos, esta es una receta eminentemente mediterránea, con productos de la huerta, como guisantes o espárragos verdes trigueros. Y el toque meloso se lo da la nata líquida para cocinar, que junto con el sabor de las setas  y los champiñones hacen de este arroz la cena perfecta.

Para acompañar, un buen vino tinto de Valdepeñas, o un blanco semi-seco.  Espero que os guste.

Arroz Cremoso con Setas

Arroz meloso de hongos, setas, pollo y verduras

Arroz meloso de hongos

Descripción: Arroz meloso de hongos, con setas, pollo y verduras.

  • Número de comensales: 4
  • Tiempo de preparación: 100 minutos
  • Fecha de publicación: 4 de abril de 2011
  • Información nutricional: Bajo en calorías, Alto en proteínas y Libre de Gluten
  • Especial para comidas o cenas.
  • Tradición culinaria: Cocina Española

Ingredientes para 4 personas

  1. 1 cebolla grande
  2. 3 dientes de ajo
  3. 2 cayenas
  4. 1 pizca de perejil
  5. 1 manojo de espárragos verdes
  6. 1 puñado de guisantes
  7. 1 y ½ pechuga de pollo
  8. 1 vasito de vino blanco
  9. 1 vasito de salsa de soja
  10. 1 vaso de nata de cocinar
  11. 250 gramos de champiñones
  12. 150 gramos de setas shiitake
  13. 120 centilitros de Aceite de oliva virgen extra
  14. 1 pizca de Pimienta al gusto
  15. 1 pizca de Sal al gusto
  16. 1 litro de Caldo de verduras y/o de cocer las setas (si son deshidratadas)
  17. 400 gramos de arroz
  18. 1 cuña de queso curado.

Preparación

  1. Cortar la pechuga en trocitos, salpimentar y freir en la cazuela hasta dorarlos ligeramente. Retirar y reservar.
  2. Se cortan las cabezas de los espárragos y se reservan (se utilizarán para
    Arroz meloso de hongos con espárragos y queso

    Arroz meloso de hongos, con los espárragos para decorar.

    decorar)

  3. Poner a cocer los guisantes en agua con sal.
  4. Cortar la cebolla finita, y los espárragos y un diente de ajo en trocitos. Sofreir en el aceite y salar.
  5. Mientras tanto cortar en láminas los dos dientes de ajo restantes y freir a fuego moderado en una sarten pequeña junto con la cayena. Cuando el ajo esté dorando, retirarlo y ponerlo en el mortero.
  6. En esa misma sarten, con la cayena, freir los espárragos a la plancha. Previamente retira el aceite sobrante.
  7. Machacar en el mortero el ajo con una pizca de perejil.
  8. Cuando el sofrito esté pochado incorporar las setas shiitake y los champiñones. Salar.
  9. Incluir los guisantes y el pollo. Mezclar todo e incorporar el majado de ajo y perejil. Mezclar.
  10. Añadir el vaso de vino blanco. Aumentar el fuego para que se evapore el alcohol.
  11. Incluir el arroz (1 vaso de arroz o 200 gramos por cada dos personas, aproximadamente).
  12. Añadir el vaso de soja. Remover todo bien durante un par de minutos.
  13. Añadir el vaso de nata, mezclar y remover no más de dos minutos.
  14. Incluir el caldo de verduras (dos vasos y medio por cada vaso de arroz o medio litro por cada 200 gramos de arroz). Mezclar bien.
  15. Dejar cocer a fuego medio, removiendo el arroz no en círculos, sino de abajo hacia arriba, cada 5 minutos aproximadamente.
  16. Cuando el caldo se haya evaporado y el arroz esté en su punto, retirar del fuego.
  17. Servir rayando el queso curado sobre cada ración. Incluir un par de cabezas de espárragos encima del arroz, por ración. (Retirar las cayenas)

 

¡Buen provecho!

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Una experiencia única: La Bici Crítica en Madrid

Ayer fue mi primera experiencia en el evento que todos los últimos jueves de mes revoluciona el asfalto de Madrid: La Bici Crítica.

¿Pero qué es la bici crítica? Se trata de una manifestación espontánea y subversiva de una masa de ciudadanos críticos con un aspecto en el que Madrid suspende con “Muy Deficiente”, el uso de la bicicleta como medio de transporte y el respeto por los ciclistas urbanos.

Vivimos tiempos en los que el debate energético forma parte de los titulares de los medios de comunicación, de la dialéctica política y de las charlas y discusiones de calle. Asistimos a grandes chascarrillos de pasillo de ayuntamiento sobre los altos niveles de contaminación, pero no se ponen soluciones efectivas a corto plazo.

Ante esta situación en donde todos los ciudadanos somos los grandes perjudicados, pero también los grandes responsables de que nuestra clase política no actúe siguiendo nuestro mandato, nació allá por el 2004 la BiciCrítica, siguiendo la estela de otras manifestaciones de masas críticas iniciadas en San Francisco o Nueva York años atrás.

La Bici Crítica de Madrid es la Masa Crítica más numerosa de España. Todos los últimos jueves de mes parte a las 20:30 de la Plaza de Cibeles y sigue un itinerario circulatorio en donde participan más de 2.000 personas entre ciclistas y patinadores. Este enorme pelotón de ciudadanos críticos toma la calzada y ocupa el máximo de carriles posible, imponiéndose de forma lúdica y pacífica sobre los mayores generadores de contaminación ambiental y acústica que tristemente debemos padecer cada día: los coches.

Bici Crítica en Madrid, junto a la Puerta de Alcalá

La Bici Crítica en Madrid

Y precisamente, ayer jueves 31 de marzo, viví mi primera Bici Crítica de la mano de otros amigos ciclistas y patinadores. Cibeles estaba atestado de gente, llena hasta la bandera, la Diosa se sobreponía sobre la marabunta de manillares que tomaban la plaza listos para pedalear (o patinar) Paseo del Prado hacia Atocha.  Las gentes, de todos los colores, razas y religiones: Familias con sus niños, jóvenes y mayores, adolescentes, chicos y chicas, todos con una sonrisa en el rostro, viviendo una experiencia única, la de recorrer importantes calles de Madrid como protagonistas de un espacio secuestrado al peatón por el tráfico rodado y contaminante.

Ruta de la Bici Crítica el 31 de mayo de 2010

Siguiendo a la cabeza del pelotón llegamos hasta Atocha, importante cruce del centro de la ciudad, y paramos la circulación enfilando Reina Cristina y Menéndez Pelayo paralelos a El Retiro. Nuestra manifestación espontánea enfurecía al personal motorizado, que nos increpaba, pitaba e insultaba. Y todos nos preguntábamos por qué esas muestras de enfado si nuestra participación solo constituía un atasco más dentro de los muchos embotellamientos que inevitablemente han de comerse a diario. Ante estas muestras de intolerancia la masa crítica solo podía responder de la forma más pacífica posible, gritando consignas como “Yo pedaleo y no me cabreo” o “Esta noche duermes en el coche”.

Sin soliviantar al personal más de la cuenta, pues no hay mejor desprecio que no hacer aprecio, la mayoría de los participantes seguía pedaleando, pasándolo bien al ritmo de la música que muchos portaban con sus equipos dotados de grandes altavoces. Y así llegamos al cruce con O’Donnel, desde donde encaramos cuesta arriba la larga calle de Príncipe de Vergara hasta el Santigo Bernabéu. Y en este punto la euforia se desató al contemplar una de las más importantes calles de Madrid liberada de coches por el mero empuje ciudadano, abierta a las ruedas y de los más de 2.000 ciclistas y patinadores, me refiero al emblemático Paseo de la Castellana.

Tengo que reconocer que fue una experiencia única, poder patinar por el centro de la Castellana, libre de humos y de ruidos de motores, acompañado de tanta gente sana y tolerante, gente crítica y reivindicativa que pretendemos con este tipo de acontecimientos no patrocinados concienciar al resto  de madrileños de lo caro que le sale a nuestra salud y a nuestros bolsillos la vergonzante primacía de los coches en nuestra ciudad. Próxima parada: Plaza de Cibeles, final de trayecto.

¡Viva la BiciCrítica! ¡Salud!

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Los carracones de Zoilo Andrés (1922 y 1928)

Hay objetos que guardan la memoria de generaciones pasadas, de moradores de otros tiempos con quienes compartimos el color de nuestros ojos, la forma curva de nuestra nariz o cierto rasgo temperamental, de los que nuestra sangre es depositaria. Hay objetos que guardan la historia personal de sus propietarios, pero los hay también que guardan el tacto amable de quienes fueron sus creadores. Así es la memoria, volátil, pues si nos conformamos con transmitirla de forma oral como un recuerdo o una vivencia, la batallita de sobremesa del abuelo chocho, acaba por deformarse y por perderse, sucumbiendo ante las voraces llamas de quienes olvidamos, de quienes no supimos destinar un poco del frugal tiempo de hoy a dejar por escrito un apéndice del sincero tiempo de ayer.

 

Carracón o carraca de 1928. Zoilo Andrés

Carracón de 1928: Mide 8 cm. de altura, 68.3 cm. de longitud, 89.5 de anchura y pesa 3.619 kg.

He aquí que ante este legado material, lo que el tiempo y la honrosa muerte han dejado sobre mis manos, quiero dejar una leve constancia de su historia. Es esta crónica mía indigna del verdadero suceder del tiempo, pero es el humo difuso que ha quedado de una próspera hoguera, y mi deber es dejar constancia de él antes de que se disperse por el viento.

Foto aérea de El Piñero, Zamora (España)

Foto aérea de El Piñero, Zamora (España)

Esta herencia de la que hablo son dos carracones, el legado de un hombre aventurero y habilidoso en el trabajo de la madera, que partió del puerto de Vigo rumbo a Argentina para formarse en ese oficio y regresó con algún dinero de más, el conocimiento y la virtud profesional y un cajón, un baúl, repleto de herramientas, alta tecnología a principios del siglo XX para un pueblo llamado El Piñero, al sur de Zamora. Mi bisabuelo, Zoilo Andrés Martín, prosperó en El Piñero como carpintero y estableció allí una profesión que transmitiría a sus hijos. Zoilo Andrés Hernández y Julián Andrés Hernández fueron dos de sus vástagos, el primero siguió los pasos de su padre y emigró también a Argentina, aunque allí hizo su vida y nunca regresó. El segundo, mi abuelo, permanecería hasta su muerte en 2006 en la tierra que los vio nacer.

 

Es costumbre en Semana Santa, especialmente en las localidades de Castilla, hacer uso de carracas, instrumentos de percusión hechos en madera con que se suple el tañer de las campanas, que son generalmente tocados por niños y jóvenes durante ciertas procesiones. En El Piñero también se representaban esas escenas durante las procesiones litúrgicas y cierto día de 1922, desconozco la razón, mi bisabuelo quiso que su hijo Zoilo tuviera el carracón más grande de toda la comarca y que presumiera y atronara con su ruido ensordecedor las calles del pueblo, para maravilla de pobladores y forasteros. Semejante instrumento y especialmente el ruido que producía deberían causar admiración. Con un arte y una técnica tristemente ajenos a mí, de un solo bloque de madera de pino construyó en aquel año un carracón que hizo las delicias de mi tío-abuelo Zoilo, quien para hacerlo sonar hubo de pedirle a un amigo que lo ayudara, pues estos carracones tienen que ser tocados por dos personas, una a cada lado.

 

Zoilo Andrés Martín y Juliana Hernández, bisabuelos del autor

Zoilo Andrés Martín y Juliana Hernández, bisabuelos del autor (circa 1910)

 

 

De este modo el carracón se rodeó de una pareja, la pareja “Andrés Hernández – Pérez”, apellidos que aún hoy en día pueden verse escritos a lápiz en un lateral de este carracón. Pérez era el apellido del amigo que lo ayudaba a tocarlo. Desafortunadamente nadie sabe ya quién fue esta otra parte del binomio. Pero otras incripciones han quedado impresas en la vetusta madera, el nombre y apellido Zoilo Andrés, en tinta negra y con unas molduras que hoy en día aún conservo y que forman parte de ese otro tesoro que es el cajón de herramientas de mi bisabuelo.

Zoilo Andrés Hernández, tío-abuelo del autor.

Zoilo Andrés Hernández, tío-abuelo del autor.

 

Desde entonces este carracón salió a la calle anualmente con motivo de Los Oficios el Jueves Santo, cuando las campanas son sustituidas por las carracas. De igual modo, el Viernes Santo avisaba del comienzo de la procesión y salía y desfilaba junto al Cristo, la Dolorosa, la Cruz de la Santa Cruz y la Virgen del Rosario de luto, en la procesión de los faroles de El Piñero, acompañando a las voces que cantaban el “Stabat Mater dolorosa”.

Julián Andrés Hernández, abuelo del autor

Julián Andrés Hernández, abuelo del autor

Mi bisabuelo, no conforme con aquella primera obra, quién sabe si ante la petición caprichosa y simpática de su hijo o bien porque éste había crecido y el primer carracón ya se le había quedado pequeño, decidió construir un segundo carracón, aún mayor, aún más espectacular. En 1928 lo terminó y ambos carracones desfilaron desde entonces por las calles de El Piñero, uno de ellos también tocado por mi abuelo Julián, luego por mi padre, Zoilo Andrés González y otros miembros de mi familia. Finalmente por herencia, como un legado dinástico y legítimo, como prenda de un apellido y de un nombre que comparto con aquellos hombres de mi familia a los que nunca llegué a conocer, soy depositario de estos carracones y de la obligación de conservarlos.

 

Zoilo Andrés González

Zoilo Andrés González, padre del autor

Con ese objetivo, con el de contribuir a su conservación (muy deteriorados por el uso, el mal uso también, y por el paso del tiempo y los lugares y formas en que han sido guardados) pero especialmente con el objetivo de fomentar su conocimiento y ennoblecerlos, he decidido donarlos al Museo Etnográfico de Castilla y León, cuya sede se encuentra precisamente en Zamora. Allí sabrán restaurarlos y conservarlos, y formarán parte de una colección museística y cultural que me enorgullece y que pone de relieve a cualquier generación futura la digna historia de sus protagonistas.

 

 

 

Zoilo Andrés Domínguez

Madrid, 24 agosto de 2010.

 

 

Zoilo Andrés Domínguez (MegaZoi), autor de este blog

Zoilo Andrés Domínguez (MegaZoi), autor de este blog

 

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