Estoy comenzando a acostumbrarme en exceso al bombardeo mediático al que estamos expuestos día sí y día también sobre la crisis y demás sucedáneos económicos (léase, la bolsa, el paro, las hipotecas o el ladrillo especulador).

Y me pregunto ¿qué es esto que estamos viviendo? Porque a mí, con toda sinceridad, no me está afectando (al menos de momento y cruzaré los dedos).

Se podría decir que estamos pasando por una crisis un tanto rara. Rara porque afecta a un sector de la economía (y muy importante en España) que es el de la construcción y toda la industria que se nutre de su manufactura. Rara porque a pesar del aumento de las cifras del paro o del cierre de empresas, yo no paro de ver gente en los centros comerciales y, sobre todo, en las terrazas y en los restaurantes. Y es que el consumo es una parte muy importante de la bonanza de la economía, y también un indicador de su buena marcha.

Entonces, ¿qué está pasando? No tengo ni idea de economía más que lo que leo frugalmente en los periódicos o veo en el telediario. Así que alguien versado en esta materia, por favor, que me dé algunas pistas porque estoy perdido.

Escuché hace unos días decir al Ministro Solbes algo así como que si la crisis servía para limpiar la economía, que bienvenida fuera la crisis. La oposición, como no podía ser de otra manera, se llevó la manos a la cabeza y aludió a la ligereza y al peligroso comentario del Ministro. Pero, oiga, es que el Ministro dijo una verdad como un templo. ¿Acaso las empresas del sector del ladrillo no llevan más de 10 años especulando y lucrándose del inflado de los precios de la vivienda? ¿Acaso no han sido ellos los culpables de la actual situación? La avaricia rompe el saco, señores. ¿O es que esperaban seguir en esta espiral de alza obscena de precios y desarrollo urbanístico esperpéntico? El guateque ha llegado a su fin.

Por eso mismo, si la crisis sirve para limpiar del mapa económico y empresarial español a toda esa morralla de cerdos codiciosos cuyos emporios de podredumbre son el paradigma de la ineptitud supina, bienvenida sea la crisis.

Y para todas las personas que estén sufriendo esta situación, una píldora, un consejo que no les servirá a corto plazo; pero sí para sus hijos, para las generaciones venideras, para que esa muchachada que nos viene detrás no se vea abocada al paro endémico, a los sueldos y a los contratos basura, a los trabajos no cualificados: educación, educación y más educación. Porque la educación hace más competitivo a un país, lo hace culto, forma a sus ciudadanos para desempeñar trabajos más capacitados, y los protege de las injusticias y abusos del propio sistema porque los instruye en el ejercicio de sus derechos.

Ah, pero es que la educación sale muy cara. Porque la masa ignorante, analfabeta, es más influenciable, más manipulable. No conviene crear librepensadores. La cultura es demasiado peligrosa, una amenza para los intereses de los poderosos. A los ignorantes se les puede pagar menos, subirles a un andamio sin casco ni arnés, ponerles a trabajar sin contrato ni seguridad social, explotarles, obligarles a trabajar más horas de las reglamentarias, someterles a un acoso psicológico deplorable, inculcarles que todo esto es así y que a esto hay que resignarse.

Esa es la madre incestuosa de la crisis: La precariedad laboral.

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