Un 19 de abril de 2008, hace casi dos años, inicié este blog con una simbólica presentación en la que todavía no sé si el Minotauro era yo mismo o un extraño personaje con el que aún no me he topado en los intrincados pasillos de este Laberinto.

Han pasado ya dos años desde que este blog vio la luz, y sin embargo en los últimos meses ha sufrido las consecuencias de lo que siempre temí que habría de acontecerle: mi propia desidia. Y es que en dos años de existencia, el último de ellos lo ha pasado siendo víctima del ostracismo. No ha sido esa mi intención, pero otros deberes y obligaciones me han tenido apartado del noble oficio de la escritura.Cuadro El Descubrimiento de Eduardo Úrculo, pintado en 1982. Un viajero frente al mar, con sus coloridas maletas.

Hoy retomo con vergüenza la tarea de seguir ensanchando este Laberinto con los ladrillos que forman estas palabras escritas. Me reencuentro con un paisaje abandonado por el que sin embargo han pasado otras gentes ajenas a mí mismo, desconocidas y ocultas tras el anonimato que proporciona la densa red de Internet.  A todos los que vinieron y a los que están por llegar, gracias.

Como en uno de los coloridos viajes de Úrculo, regreso con las maletas llenas de intrigantes historias. Unas azules como el mar resplandeciente; otras naranjas como el melancólico atardecer de una  bochornosa tarde de agosto, o verdes como el fango espeso de las charcas donde croan los sapos, pero también negras como las  oscuras veredas donde sólo se escucha a los árboles murmurar.

Crucemos los dedos por un tiempo más de regular actividad bloguera. Bienvenidos a todos.

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