Os doy la bienvenida a este espacio friki en mi blog, una sección dedicada a una de mis aficiones más queridas, la de conlanger, ideolingüista o inventor de idiomas.

La actividad de conlanger, o inventor de lenguas artificiales, que no tiene una denominación fija y asentada en español, por lo que emplearé siempre el término anglosajón “conlanger”, es hoy en día bastante bien conocida por la mayoría del público. Películas como Star Trek, con un idioma inventado con el Klingon; El Señor de los Anillos, con los idiomas élficos como el Sindarin salidos de la maravillosa mente de Tolkien; o más recientemente series como Juego de Tronos y sus lenguas Alto Valyrio o Dothraki; se han encargado de popularizar una extraña manera de pasar el tiempo, la de personas a las que nos encantan los idiomas y, en nuestra fantasía, hemos creado idiomas para universos imaginados o simplemente por el simple placer (friki) de construir una lengua de cero, eligiendo su fonética, su gramática, o incluso su alfabeto.

Desde que comencé con esta afición, tres han sido los idiomas que han salido de mi imaginación, por orden cronológico: El Àspärñettá, el Heziel y el Agós.

En 1994, con 13 años, antes de descubrir a Tolkien y su universo lingüístico, comencé a interesarme por el Latín y otras lenguas romances. Por aquel entonces detestaba el Inglés, pero el Latín me parecía misterioso y original, y entroncaba para mí con un pasado lejano, con una Antigüedad mitificada y una historia y un mundo apasionantes e irrepetibles.

Fue entonces cuando empecé a jugar con un alfabeto ficticio de corte rúnico (aquí ya influenciado por “El Señor de los Anillos”),  un código único y exclusivamente conocido por mí, que me permitía escribir en Castellano, sin miedo a las miradas curiosas de mi familia. Pronto este alfabeto, del que desgraciadamente hoy en día no conservo ningún documento, se me quedó corto para las horas muertas de las tardes de invierno.

Àspärñettá

Así fue como de forma natural inventé un incipiente Àspärñettá basado en un código de transliteración de vocales, hoy en día prácticamente vigente.  De este modo transformaba las palabras del Castellano a palabras en Àspärñettá para hacerlas ininteligibles. Este sistema infantil se basaba en cambiar  ‘a’ por ‘e’, ‘i’ por ‘u’, y viceversa; mientras que la ‘o’ permanecía inalterada. Por ejemplo: taza > teze;  hormiga > hormuge.

Como el sistema no era suficientemente críptico, aderecé esta versión 1.0 del idioma con algunas palabras completamente inventadas, que en su mayoría provenían de apelativos cariñosos destinados a mi perro Nico y del Inglés. Por ejemplo. menûdda /menyú/ = pequeño; brákum = romper, del Inglés “break”; kálum = llamar, del Inglés “call”. Luna = Mum, del Inglés “Moon”.

Asimismo, simplifiqué la conjugación verbal del Castellano, con un sencillo sistema totalmente regular, del que hoy en día solo queda precisamente la regularidad.

Así, en aquel Àspärñettá de comienzos de 1995 “Hola, me llamo Zoilo” se decía “Bo, me kálum yo Zoilo”. Mientras que en la versión moderna se dice “Bo, kálomai Zoilo”.

Poco a poco, las reglas de derivación del Castellano al Àspärñettá se fueron haciendo más complicadas, al tiempo que el léxico propio crecía y esta conlang de nutría de mis conocimientos sobre Latín y Griego, adquiridos por fortuna en el BUP y COU.

A pesar de las influencias de estas dos lenguas clásicas, no quise desarrollar una conlang con un sistema de declinaciones, principalmente porque una las virtudes para mí del Àspärñettá es que puedo hablarlo con cierta fluidez.

El poder practicar la lengua oral es ciertamente apasionante y mucho más divertido que usar solo la conlang sobre el papel. El idioma se vuelve vivo, los sonidos se articulan con mucha más fluidez y naturalidad que mediante la lectura de un texto… En definitiva, el Àspäñettá es en esencia un juego, un divertimento lingüístico a todos los niveles excepto el conversacional, ya que soy el único hablante. 🙂

Con el tiempo fui configurando el Àpärñettá actual, prácticamente inalterado desde el año 2000, y cuyas señas de identidad son:

  • Un sistema de reglas de derivación del Castellano al Àspärñettá, menos complejas para los verbos.
  • Una gramática prácticamente idéntica a la del Castellano, salvo en el uso de algunas perífrasis verbales, en las cláusulas de relativo y otras estructuras verbales.
  • Un sistema de conjugación  verbal regular donde el sujeto concuerda en género y número con el verbo, y un rico conjunto de desinencias personales y morfemas de tiempo, aspecto, modo y voz.
  • La posposición de la mayoría de preposiciones.
  • Un léxico propio y prácticamente ya cerrado, compuesto por algo más de mil palabras de uso muy frecuente, y del cual se derivan la gran mayoría del corpus lingüístico.
  • Un sistema fónico basado en vocales largas y breves y con predominio de los sonidos consonánticos /k/ y /tz/ (producido por las citadas reglas de derivación) y /x/, debido a que de pequeño no pronunciaba la ‘r’ española, motivo por el cual todas las ‘r’ en Àspärñettá se pronuncian /x/ (como una ‘j’ española).

 

Heziel

Esta sería la breve historia de mi primera conlang, sin embargo, en el año 2001 comencé a desarrollar un nuevo idioma totalmente alejado del grupo lingüístico romance.

Esta nueva conlang se llama Heziel. Es de carácter aglutinante, con un importante sistema de declinaciones con numerosos casos, una gramática propia y un sistema de creación del léxico fuertemente basado en la derivación y la composición de palabras a través de un corpus existente y abierto de más de 1.600 palabras.

Cuenta con una fonética más “elegante” (al menos para mí) que el Àspärñettá, y donde la prosodia tiende a ser esdrújula: una clara influencia de mis conocimienos de Húngaro.

El Heziel, a diferencia del Àspärñettá, es una conlang que no está terminada, a la par que está circunscrita a un universo ficticio llamado Irgás, muy poco desarrollado por mi parte.

Un ejemplo de Heziel para el verso de Pedro Salinas:

“¿Por qué tienes nombre tú?”

“Mis demh pos temden goem?” /mísdemh pós témdengoem/

 

En el mismo año, fantaseé con otra conlang romance, el Agós,  con gran influencia del Catalán. Sin embargo, apenas resultó en un borrador de su fonética y sintaxis. Por este motivo, las únicas conlangs con las que juego de vez en cuando son las dos primeras;  de las que me siento profundamente orgulloso.

Hace un par de años abrí una cuenta en Twitter (@asparnetta) para estar en contacto con la comunidad conlanger (prácticamente en Inglés).

Con la apertura de esta sección en el blog y la publicación de estos posts espero desarrollar temas para los que los 140 caracteres de twitter se quedan cortos, y donde además pueda publicar todo el material que he ido creando sobre mis conlangs.

De nuevo, bienvenido.

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